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  • Anna Berto
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El “Síndrome de Noé” con loros

Cuando la adquisición de los psitácidos se convierte en una obsesión enfermiza

Tal vez, en alguna ocasión hemos oído hablar o hemos acudido a casa de alguien, donde gran parte de las habitaciones están habitadas por psitácidos. En muchos casos, la imagen es, por decirlo de alguna manera, estremecedora: jaulas apiladas, hacinadas en todos los rincones, jaulas demasiado pequeñas para la especie que contienen e incluso para albergar a más de un individuo, restos de plumas, de comida, heces (es imposible mantener limpia una casa con tantas aves, por mucho que nos empeñemos) por no decir el ruido que estos animales generan y las molestias a los vecinos, en caso de que los tengamos.

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Desgraciadamente, no se trata de casos excepcionales. Hay personas que se obsesionan con los loros y empiezan a coleccionarlos. Y antes de que puedan tomar conciencia de lo que están haciendo, tienen tantos loros en casa a los que ya no pueden dar la atención necesaria. Esto es especialmente grave cuando se tiene poco espacio, vecinos a los que molestar o poco tiempo por la jornada de trabajo.

Normalmente, la obsesión llega tras el primer loro y habitualmente, empieza buscándole pareja. Antes de tomar la decisión de buscarle pareja a nuestro loro, debemos plantearnos la situación de que no vaya a llevarse bien con ella, con lo cual tenemos que preparar espacio para dos jaulas, el doble de tiempo para dedicarles, etc. A partir de aquí, las personas “enfermas de loros” continúan su colección adquiriendo nuevas especies y en algunos casos, buscándoles pareja.

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Esta gente no siempre es consciente de que no son capaces de darles la atención que necesitan, el tiempo que precisan, el espacio necesario y en muchos casos, la economía no da para buena alimentación o gastos veterinarios. Y la tenencia de un loro o cualquier otro animal, debería implicar la responsabilidad de poder mantenerlo en buenas condiciones durante toda su vida. Pensemos lo longevo que es un loro y las vueltas que da la vida. Por lo tanto, cuantos más loros mascota tenemos, mayores serán nuestros problemas en el caso de que un día, por tiempo, dinero o cualquier otra cosa, no podamos atenderlos correctamente. En muchos casos de coleccionismo extremo de loros, los propietarios, al no tener tiempo para dedicar a otras cosas, acaban estallando en unos años. En ese caso, todos los loros perderán su hogar, con el consiguiente trauma que les puede ocasionar.

Hay que ser realista y honesto consigo mismo, para saber cuántos loros se pueden cuidar y mantener correctamente. Muchos especialistas hablan de dos loros por persona, ya que un mayor número implica reducir excesivamente el tiempo de interacción con ellos. Y es de todos sabido, que ninguna mascota que sufre falta de atención, es feliz. Si ya tenemos uno o dos loros mascota… ¿por qué comprar más en lugar de mejorar la calidad de vida de los ya existentes? Desgraciadamente, en nuestro país no existen albergues para loros no queridos. Pero esto no es excusa para obligarnos a llenar nuestra casa con más animales de los que seamos capaces de cuidar adecuadamente. Si realmente los amamos, los ayudaremos en buscarles una casa en condiciones y no en hacinarlos en la nuestra por puro capricho.

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También tendremos en cuenta, que los loros no son el único animal social implicado en el problema: los perros, otras personas de nuestro núcleo familiar, etc. También son animales sociales que precisan de tiempo y atención. En algunos casos, la obsesión por los loros u otro tipo de animales es causa de rupturas de pareja o de aislamiento social con sus correspondientes consecuencias. Con lo cual, antes de la entrada de una nueva mascota, se debería meditar con toda la familia y todos deberían estar de acuerdo con la decisión.

Por supuestísimo, diferenciaremos la tenencia de loros en un criadero o en una colección zoológica que disponga de buenas y espaciosas instalaciones, de un mero coleccionista de aves que los hacina en un piso o en una casa adosada de 75 metros cuadrados. En el primer caso, los animales se pueden mantener por parejas, con lo que el factor “tiempo” no es tan importante, aunque muchas veces sacrificamos con ello sus “cualidades” como mascota. En el segundo caso, es que simplemente por espacio, no se puede albergar parejas de psitácidos en buenas condiciones.

También pensaremos en cuenta la ubicación de la jaula, ya que hay casos que se alojan los loros incluso en pasillos, baños o la cocina, simplemente porque no caben en otro sitio. A los loros les gusta disponer de su espacio, en un lugar tranquilo y no en torres de jaulas o con la compañía continua de seres “indeseados” como pueden ser perros o gatos. La ubicación de una jaula directamente delante de una ventana o junto a una puerta les puede causar stress.

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En conclusión de todo, el hogar ideal de un loro es aquel en el que todos los individuos conviven en jaulas espaciosas, con los juguetes y las perchas adecuados, reciben una buena y variada dieta, recibe la atención veterinaria necesaria, se interactúa con ellos el tiempo adecuado, se les permite volar libremente por casa el tiempo que necesitan y no se les escatima ningún tipo de cuidado por la razón “no se puede con todos”.

Seamos responsables, evitemos el coleccionismo patológico de loros y adquiramos solo aquellos que podemos cuidar como se merecen. Si realmente los amamos, podremos hacerlo sin graves daños físicos ni morales.