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  • Anna Berto
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Pruebas laboratoriales en loros

En la clínica de aves de compañía podemos encontrarnos con múltiples enfermedades, que cursan con un sinfín de signos clínicos posibles. Al acudir a nuestro veterinario es posible que éste nos proponga realizar algún tipo de prueba laboratorial para llegar a un diagnóstico preciso, como pueden ser un hemograma, un panel bioquímico, una PCR o una serología. Existen muchos tipos de pruebas, con variantes y modificaciones, pero aquí nos centraremos en las más comúnmente usadas y más sencillas. Éste artículo pretende explicar de manera sencilla el funcionamiento y la interpretación de éste tipo de pruebas y su valor para diagnosticar enfermedades en las aves.

Primero de todo, deberemos hacer hincapié en que estas analíticas se basan en unos valores de referencia generales que dependen única y exclusivamente del laboratorio al que enviemos la muestra. Cada laboratorio utiliza un método particular para las determinaciones y los valores los establece el propio laboratorio, para cada parámetro y sobretodo, para cada especie. Es por eso que es muy importante elegir un laboratorio profesional y con experiencia en este tipo de especies, porqué nos proporcionarán valores de referencia muy estudiados. Aún así, existe bibliografía que el veterinario puede consultar para tener una idea del valor medio del parámetro que está evaluando.

En segundo lugar, tendremos en cuenta que un parámetro puede estar alterado a la alza o a la baja sin ser significativo. Los rangos de valores de referencia se establecen como una media aritmética de los valores que se obtienen de mediciones en animales sanos. Nuestro animal puede salirse ligeramente de esos rangos sin tener ninguna implicación de enfermedad. Lo entenderemos mejor con un ejemplo. Si los valores normales de la GPT en una determinada especie (un enzima que se encuentra en el hígado) son (12 – 85) y nuestro animal tiene un valor de GPT de 100, no será significativo si se trataba de una analítica de control o si no sospechamos de un problema hepático. Todo dependerá del estado clínico de nuestro animal. Por lo tanto, si nuestro animal presenta unos valores un poco alterados no debemos alarmarnos, a no ser que nuestro veterinario lo considere significativo.

 

veterinary caressing a beautiful yellow-crested cockatoo

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Hematología

La hematología es el estudio de las células de la sangre, su número y características diferenciales. En la sangre de un ave podemos encontrar diferentes células:

–          Eritrocitos: son las células que llevan el oxígeno y lo transportan a los tejidos. A diferencia de los de los mamíferos, los eritrocitos de las aves tienen núcleo, es decir, tienen material genético. Lo más curioso de los eritrocitos de la aves es que, cuanto más carácter volador tiene la especie, más pequeños son sus eritrocitos. Esto es debido a que cuanto más pequeño el eritrocito, más superficie de intercambio de oxígeno tiene. Hay algunas especies de aves que vuelan a presiones muy diferentes (incluso desde las cumwesbres del Everest hasta el nivel del mar) sin necesidad de un periodo de adaptación como el que necesitamos nosotros.

–          Trombocitos: Son el equivalente a las plaquetas de los mamíferos. Se encargan de crear los coágulos cuando el vaso sanguíneo se lesiona.

–          Leucocitos: son las células de defensa del organismo. Encontramos de muchos tipos, cada uno con unas funciones más o menos delimitadas:

– Heterófilos: son el equivalente de los neutrófilos de los mamíferos. Se encargan de fagocitar (“comerse”) los agentes infecciosos, básicamente bacterias. Son capaces de salir de los vasos sanguíneos para atacar un agente infeccioso en un tejido.

– Linfocitos: son los productores de anticuerpos. Los anticuerpos son moléculas que se adhieren a algunos agentes infecciosos y los destruyen o los marcan para que otras células de defensa los destruyan. Hablaremos de los anticuerpos en otro apartado.

– Monocitos: se trata de células que fagocitan y digieren los agentes infecciosos. Cuando salen de los vasos sanguíneos y entran a un tejido pasan a ser macrófagos.

– Basófilos y eosinófilos: están implicados en otros tipos de inmunidad. Los eosinófilos actúan contra agentes químicos y parásitos.

La prueba que se encarga de evaluar las células sanguíneas es el hemograma. En él diferenciamos varias partes:

–          Serie roja: Se trata de la evaluación de los eritrocitos y los trombocitos. En él veremos el recuento de eritrocitos (en millones por microlitro), el hematocrito (porcentaje de sangre ocupada por los eritrocitos), la concentración de hemoglobina y el volumen medio de los eritrocitos (éstos dos últimos nos informarán sobre la edad media de los eritrocitos, ya que a menos edad, más grandes y menos hemoglobina), el número de trombocitos, etc. Mediante el análisis de la serie roja podremos diagnosticar anemias, deshidrataciones (aumento injustificado de los eritrocitos en relación al total de la sangre), etc.

–          Serie blanca: en este apartado evaluaremos los leucocitos. En primer lugar veremos el recuento leucocitario, en el que se contarán todos los leucocitos, y después el recuento leucocitario diferencial, diferenciando entre los diferentes tipos. Un recuento con muchos heterófilos será indicativo de una infección activa, mientras que un aumento de linfocitos puede sugerir una infección vírica. También será importante la morfología de los leucocitos, para detectar bacterias dentro de ellos, cambios que nos indiquen intoxicaciones, etc.

Métodos de extracción de sangre:

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Bioquímica sanguínea

En la sangre hay una serie de enzimas y electrolitos que pueden verse alterados cuando el animal está enfermo o cuando está incubando alguna enfermedad. En un panel bioquímico evaluaremos diferentes enzimas, cada uno típico de un órgano o tejido y que nos darán información sobre como está el animal en general y como están algunos de sus órganos y tejidos más importantes. Por su gran número y complejidad, no estudiaremos aquí los parámetros bioquímicos utilizados en medicina aviar. Nuestro veterinario especializado en aves sabrá interpretar correctamente el panel bioquímico realizado.

Lo que sí es interesante tener en cuenta es que un mismo parámetro bioquímico puede variar enormemente entre especies, pudiendo presentar valores muy diferentes o rangos de normalidad muy amplios. Además, como hemos dicho anteriormente, no todas las alteraciones son significativas, sino que hay que valorarlas conjuntamente con el estado del animal.

 

Serología

La serología se usa para determinar si el animal ha estado en contacto con un determinado agente infeccioso. Para ello, se determinan los anticuerpos presentes en la sangre del animal. Si queremos entender esto desde un punto de vista fácil deberemos entender lo que es un anticuerpo y de dónde sale.

Los anticuerpos son moléculas que sintetizan las células de defensa del organismo (en este caso, los linfocitos) ante un agente ajeno al propio organismo, ya sea un virus, una bacteria, un hongo, un tóxico, etc. Estos anticuerpos se fijan al agente y lo destruyen o lo marcan como “peligroso”, para que otras células inmunitarias lo destruyan. Los anticuerpos, como hemos dicho, se generan en situaciones de contacto con un agente ajeno y, dependiendo del agente y del tipo de anticuerpo del que se trate, pueden desaparecer cuando desaparece el agente nocivo, o pueden seguir en el torrente sanguíneo, a la espera de que el agente vuelva a entrar en el organismo.

Los anticuerpos se miden usando técnicas inmunológicas en las que se presenta el agente en cuestión a la muestra de sangre y se observa si los anticuerpos contenidos en ésta reaccionan o no. Esto nos puede dar un resultado del estilo “1/320” o 1/80” (lo que se llama “título de anticuerpos”, en el que el primero presentaría un nivel de anticuerpos contra el agente estudiado mayor que el segundo) o del estilo “+”, “++”, “+++”, etc. (cuantas más cruces, mayor es el nivel de anticuerpos).

Precisamente este hecho es el que hace que las serologías deban ser interpretadas con sumo cuidado. Muchas veces un resultado positivo a anticuerpos contra una determinada enfermedad no permite establecer un diagnóstico positivo de dicha enfermedad. Por ejemplo, en la psitacosis un resultado positivo a anticuerpos no garantiza un diagnóstico fiable de la enfermedad. Para ello, y si no queremos hacer una PCR, debemos comprobar que los niveles de anticuerpos están subiendo con el tiempo. De este modo comprobaremos que hay presencia de chlamydias en el organismo y que éste está luchando contra ellas. De lo contrario, si no hubiera chlamydias en el organismo, el sistema inmune no tendría necesidad de aumentar los anticuerpos en sangre. A este aumento de anticuerpos se le llama seroconversión. Para detectar esta seroconversión deberemos tomar otra muestra al cabo de unos días, período específico para cada enfermedad. Pasado este periodo, si el animal está luchando contra una infección, los anticuerpos habrán aumentado con mucha probabilidad. De este modo:

 

Teniendo en cuenta esto, deberemos diferenciar muy bien lo que es un animal infectado y lo que es un animal enfermo. En el caso de la psitacosis encontramos un ejemplo muy claro, ya que las chlamydias son capaces de “acantonarse” y esconderse en muchos tejidos, por lo que no las detectamos con una PCR (hablaremos de ello más adelante) y tampoco detectamos los anticuerpos si ha pasado un tiempo desde que no están las chlamydias en la sangre (ya que el sistema inmune no se encuentra con ellas y los niveles de anticuerpos bajan). Incluso podemos tener un animal diagnosticado de psitacosis, que recibe tratamiento y las chlamydias se acantonan en los tejidos, dándonos la impresión de que se ha curado, pero pudiendo reactivarse en el futuro y provocar enfermedad otra vez o contagiar a otros animales. Esto hace que el diagnóstico de la psitacosis sea muy difícil y su tratamiento incorrecto en muchos casos.

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PCR

Las siglas PCR corresponden a “Polymerase Chain Reaction” y hacen referencia a una técnica de diagnóstico genético muy empleada en la actualidad en medicina aviar. Se basa en detectar ADN de un agente infeccioso (virus, bacteria, hongo, etc.) presente en una muestra de nuestro animal. El proceso es muy complejo, pero se resume básicamente en que para detectar ADN en una muestra es necesario aumentar el número de copias de dicho ADN. De este modo, el proceso se basa en “deshacer” literalmente la estructura del agente infeccioso, aislar el ADN y copiarlo miles de veces, para así obtener un gran número de copias y poder detectar si el ADN que nos interesa está presente o no en la muestra.

Cabe destacar el hecho de que, al igual que con la serología, debemos partir de una sospecha previa. No es posible hacer una serologia o una PCR de todas las enfermedades que sospechamos: deberemos hacer una prueba para cada enfermedad, ya que cada prueba es específica para cada enfermedad. Así, en una PCR de Chlamydia psittaci detectaremos presencia o no de Chlamydia psittaci, pero no de ningún otro tipo de agente infeccioso.

Además nuestro veterinario debe conocer muy bien las enfermedades de las que sospecha y escoger cuidadosamente el origen de la muestra que extrae. Por ejemplo, una PCR de Chlamydia psittaci en sangre no serà tan fiable como una de raspados cloacales o coanales, ya que las chlamydias se acantonan en mucosas (entre otras localizaciones) y sólo están presentes en la sangre cuando hay una infección muy activa.

Conclusiones

Como hemos visto, cada enfermedad tiene su protocolo diagnóstico establecido y hay ciertos aspectos de cada prueba que debemos conocer para poder interpretarlas correctamente y saber si un resultado es significativo o no lo es. De este modo nos ahorraremos falsos positivos (diagnosticar como positivo un animal que no lo es) y falsos negativos (diagnosticar como negativo un animal portador o en fase de incubación de la enfermedad). Nuestro veterinario deberá saber interpretar dichas pruebas y seleccionar las que sean más adecuadas para el diagnóstico correcto y fiable de las enfermedades de las que sospecha viendo a nuestro animal.

Además deberemos escoger un laboratorio que disponga de los medios adecuados. En el caso de la serología, el laboratorio debe disponer de un método estandarizado, con anticuerpos y muestras del agente infeccioso adecuados para la determinación que quiere llevar a cabo. En el caso de la PCR, copias del material genético del agente en cuestión compatibles con el método que quiere utilizar.

Bibliografia recomendada

–          Clark P, Boardman W, Raidal S, Atlas of clinical avian hematology, Blackwell Publishing, 2009, Oxford.

 

–          Cowell RL, Veterinary clinical pathology secrets, Elsevier, 2001, 2004.

 

–          Harvey JW, Atlas of veterinary hematology. Blood and bone marrow of domestic animals, Saunders, 2001, Philadelphia.

 

–          Messmer T., Tully T., Ritchie BW., Moroney JF., A Tale of Discrimination: Differentiation of Chlamydiaceae by Polymerase Chain Reaction, Seminars in Avian and Exotic Pet Medicine, vol. 9, nº 1, 2000, pp. 36-42.

 

–          Mitchell EB., Johns J., Avian Hematology and related disorders, Veterinary Clinics of North America. Exotic Animal Practice, nº 11, 2008, pp. 501–522.

 

–          Phalen DN, The use of serologic assays in avian medicine, Seminars in Avian and Exotic Pet Medicine, vol. 10, nº 2, April, 2001, pp. 77-89.

 

–          Ritchie BW, Harrison GJ, Harrison LR, Avian medicine. Principles and application, Wingers Publishing, 1994, Florida.